A esta altura del año, cuando el tiempo parece acelerarse y las listas de pendientes crecen solas, me gusta detenerme en aquello que no se anota en ningún papel: los encuentros.
Más informaciónA esta altura del año, cuando el tiempo parece acelerarse y las listas de pendientes crecen solas, me gusta detenerme en aquello que no se anota en ningún papel: los encuentros.
Más informaciónPara golpear la mesa cuando hace falta.“La cocina debe sentarse en la mesa de la cultura” es una de ellas.No es un slogan ni un reclamo: es una verdad que viene caminando desde hace siglos, desde las manos anónimas que amasaban pan en silencio hasta las abuelas que sostenían a una familia entera con una olla y un gesto.
Más informaciónHay algo en el encuentro entre personas que la cocina revela mejor que cualquier otra cosa. Uno puede pasar horas hablando, mirando, escuchando… pero es cuando se comparte comida que el vínculo se vuelve cuerpo.
Más informaciónA mí me pasa lo mismo que a Mallmann. Me gusta dejar la cocina sucia después de un evento, de una noche entre amigos.
Más informaciónSiempre pensé que el amor, cuando es verdadero, no se dice: se hace. Y en mi caso, se cocina. Cocinar es una de las formas más concretas que conozco de amar. Es una manera de decir “te veo”, “te cuido”, “te espero”.
Más informaciónHay fuegos que se encienden afuera, y otros que nos encienden por dentro. Durante mucho tiempo pensé que cocinar en horno de barro era una técnica, un procedimiento, una habilidad que se podía aprender mirando a otros o siguiendo pasos. Pero el barro, con su paciencia de siglos, me enseñó que el fuego no se aprende con la cabeza, sino con el cuerpo.
Más informaciónDurante mis primeros seis meses, mi único alimento fue la teta. No lo sabía entonces —ni podría haberlo sabido—, pero los sabores de esa leche eran los mismos que mi madre comía a sus veintidós años: los guisos de mi abuela Coca, el pan amasado con las manos gastadas de una mujer que trabajaba para Tulio y Micho, el perfume de una cocina que se mantenía encendida aunque el fuego fuera chico. De alguna manera, mi paladar nació de lo que ellas comían.
Más informaciónLa pausa que da sentido al grito. Hay libros que nacen de la reflexión, y otros que nacen del fuego. Cocinar: ese patrimonio cultural nació de ambos.
Más informaciónDurante años encendí fuegos distintos: libros, cenas, reflexiones. Hoy todos arden en un mismo fogón, una mesa compartida donde cocinar y escribir son parte del mismo camino.
Más informaciónSi alguna vez tuviste uno de mis libros en tus manos, si alguna vez leíste una página mía o probaste un plato que cociné, ya sos parte de esta historia.
Más informaciónEscribirlo en pandemia fue una experiencia singular. Mientras las noticias hablaban de enfermedad y aislamiento, yo me sumergía en relatos de cocinas antiguas: fogones comunitarios, hornos de barro, banquetes imperiales, sopas humildes que sostenían pueblos enteros.
Más informaciónCon el tiempo entendí que este libro fue también un acto político, aunque no lo nombrara de esa forma. Porque declarar que todos tenemos derecho a cocinar no es un detalle: es una posición frente al mundo. Cocinar no puede ser privilegio, cocinar es patrimonio común.
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