tiempo estimado de lectura : 1
Planificar también es un acto de fe

Hola,

Soy Lolo Vlem. Cocinero, escritor y editor. Y alguien que cree —profundamente— que la planificación no es una tarea fría ni administrativa, sino una forma consciente de cuidar el tiempo, la energía y el sentido de lo que hacemos. Cada domingo escribo esta carta para ordenar ideas y compartir el fuego que sostiene mi trabajo y mi vida. 

Planificar es una de las actividades más importantes en mi trabajo, en mi actividad y en mi vida.

No como una obsesión por el control, sino como una manera de mirar hacia adelante con intención.

La planificación necesita visión.

Necesita poder imaginar un escenario que todavía no existe.

Pero también necesita fe.

Fe en que lo que uno está sembrando hoy va a encontrar su tiempo, su lugar y su forma.

Ahora bien, aprendí algo con los años: la visión y la fe solas no alcanzan.

Si no se traducen en sistema y en método, se quedan en deseo.Y ahí es donde mi trabajo empezó a mezclarse.

Porque planifico como escribo.

Planifico como edito.

Planifico como cocino.Cuando escribo un libro, no empiezo por la tapa: empiezo por el esqueleto.

Cuando acompaño a un autor, no empiezo por la primera página: empiezo por el proceso.

Cuando cocino para otros, no empiezo por el plato final: empiezo por el fuego, el tiempo y el orden. 

Todo eso es planificación.

En la cocina, planificar es saber qué entra primero a la olla y qué necesita más tiempo.

En la escritura, es entender que no todo se dice de una vez.

En la edición, es acompañar sin apurar, pero sin perder rumbo. Con el tiempo, mi trabajo como escritor, editor y cocinero dejó de estar separado.

Se fue mezclando.

Como se mezclan los ingredientes cuando la receta ya no es solo técnica, sino experiencia.

Ese cruce es lo que hoy habita en lolovlem.com.

No como una web, sino como un mundo.

Un lugar donde conviven libros, talleres, cocina, planificación, comunidad y método.

Donde la creatividad no está suelta, pero tampoco encerrada.Planificar, para mí, es una forma de respeto.

Respeto por el tiempo propio.

Respeto por el tiempo del otro.

Respeto por los procesos.

No planifico para producir más.

Planifico para producir mejor.

Para no traicionarme en el camino.

Para que el fuego no se apague por desorden ni se descontrole por exceso. Y también planifico para poder descansar.

Para saber cuándo es tiempo de hacer y cuándo es tiempo de aquietar.

Para que la vida no quede siempre postergada detrás del trabajo. Este mundo que se fue armando —libros, autores, talleres, cartas, cocina— no nació de la improvisación permanente.

Nació de una visión clara, sostenida por fe, pero cuidada con método.

Por eso escribo esta carta hoy.

Para decirlo sin vueltas:

la planificación no nos quita humanidad.

Nos la devuelve.

Si querés conocer más de este mundo donde escribir, editar y cocinar se mezclan con visión, fe y sistema, te invito a pasar por mi casa digital:

www.lolovlem.com

Gracias por leerme.

Gracias por acompañar este proceso vivo.Un abrazo grande,

Lolo