Durante mucho tiempo pensé que cocinar era una habilidad. Después descubrí que también era una forma de contar quiénes somos.
Cada receta guarda una historia. Cada ingrediente habla de un territorio. Cada comida compartida conserva una memoria que muchas veces nunca llegó a escribirse. Entonces apareció una pregunta que terminó ocupando varios años de mi vida. ¿Por qué hablamos del patrimonio de un pueblo cuando pensamos en una iglesia, una estación de tren o una obra de arte... pero casi nunca pensamos en su cocina?
Esa pregunta dio origen a este libro.
No fue escrito solamente para cocineros. Fue escrito para cualquier persona que alguna vez haya sentido que una comida podía devolverla a la casa de su infancia. Para quienes saben que el aroma de un pan recién horneado también puede ser memoria. Para quienes sospechan que una receta heredada vale tanto como una fotografía familiar. Y para quienes creen que la cocina todavía tiene mucho para decir en las conversaciones sobre cultura.
Este libro es el resultado de años de investigación, lecturas, viajes y conversaciones con una convicción que fue creciendo página tras página.
La cocina no ocupa un lugar secundario dentro de la cultura.Es una de sus expresiones más profundas.
Después de publicarlo comprendí algo inesperado. Este libro no terminaba aquí. Entre sus márgenes empezó a escribirse otro....Cocinar es un acto político. Por eso, cuando alguien me pregunta cuál debería leer primero, siempre respondo lo mismo. Empezá por este.
Acá empezó la conversación.
...alguna vez una comida te hizo viajar en el tiempo...
creés que las recetas también cuentan historias...
sentís curiosidad por entender por qué la cocina forma parte de nuestra identidad...
pensás que la cultura también se cocina.
No para aprender recetas.
Sino para volver a mirar la cocina con otros ojos.